martes, 25 de marzo de 2014

Macao, el desempleo, un poco de sol y mucho, mucho sushi.



Finalmente encontramos apartamento y arriando las tercas valijas, ya casqueadas de tantos vuelos, pudimos dar un intenso suspiro al dejarlas en un apartamento ubicado en uno de los últimos pisos de uno de los tantos "panales de abejas" que tiene esta ciudad.

Que mejor que festejar con sushi y unas empanadas de maní, ¿maní?, eso pregunté con cara de asco cuando Claire me las trajo, pero así y todo marcharon, duraron una semana que en mi caso es todo un record para un postre.

El 4 de marzo fuimos hasta el templo de los 10.000 budas, un lugar maravilloso. Su templo principal me hizo sentir muy bien, tranquilo, pero sólo el templo porque la mayoría de los empleados estoy seguro apuestan antes de empezar las ocho horas a ver quién puede ser más sorete para atender al público. Igualmente con uno de los limpiadores compartimos complicidad, esas caras y sonrisas de viveza criolla ¡oriental! que de a poco empecé a compartir con varios veteranos en diferentes momentos y lugares. A muchos veteranos les gusta el chiste cómplice, la cara los delata y más allá de no entendernos, nos entendemos.

El lugar es hermoso, la vista si no fuese por la polución sería grandiosa, vimos muchos templos, muchos budas y hasta ligamos "el puente chino" cómo cuando uno marchaba en el "25" y te tenían que cascar ahí en la vereda del barrio, pero esta vez, salió en China y con.... monos.
Justo cuando nos estábamos yendo, bajando la infinita escalera que va hasta casi la cima de una de las muchas montañas de la isla, una horda de monos se nos entraron a arrimar por segunda vez en la tarde, pero no había vuelta, o nos quedábamos arriba hasta vaya a saber cuando o bajábamos por entremedio de los monos que nos hacían "el puente chino" entre la pared de la montaña y la delgada baranda que nos cuidaba del precipicio. Cada vez eran más, se nos cerraban, saltaban y nos miraban menos amigablemente, yo tenía miedo que me afanaran, ella que le saltaran arriba, después me avivé que si me mordían me podían dar rabia y ya quemado, me envalentoné y casi que trotando pasé rápido entre medio de los más de veinte monos que se habían juntado. Por suerte nada paso a pesar de la tensión del momento.






Me volvieron a contactar por laburo pero todavía nada seguro, por las dudas me fui a conseguir un traje, pasé de uno de HKD 2.000 en poco más de 4 horas y varios mercados de barrio, a un traje que me queda un poco cortina por la módica suma de HKD 80 y un lavado urgente. Nada mal para el que ya se está rascando los bolsillos con la guita.

Contacté a los primeros uruguayos, no seremos más de 10 pero con una fuercita capáz hacemos dos equipos de fútbol 5, ¡Uruguay nomá!.

Empezamos a entrenar al fin, esto de no tener un mango, que no me esté saliendo fácil el tema de la visa y todo el cambio cultural, al punto de un día que me tuve que volver de apuro al apartamento de 4 mts x 2 mts en el cuál vivimos porque sentí claustrofobia en la calle, hace que el deporte sea mi único y muy necesario cable a tierra.

Hablando de tierra, ya salté un par de veces así que habría que preguntarle a los habitantes de los alrededores de la Laguna de Pozuelo, en el norte de Argentina y muy pegado a la frontera con Bolivia, si me han escucharon, vaya uno a saber.
A quién le interese saber su opuesto en el globo terráqueo, busque por antípoda y fascinese sabiendo que Rocha y Salto son los únicos que no caen en el medio del agua y obtenga muchos más datos curiosos.

Supimos que todos los domingos hay una exhibición de kung-fu en el parque de Kowloon y hasta ahí nos fuimos.
Es gratis y es una garra. Horrible, aburrido y el parque, muy lindo pero los domingos es mejor quedarse en casa. Dicen que cómo es el día libre de las empleadas domésticas, todas van a los parques y es por eso que es imposible caminar, los grupos de mujeres copan todos los parques, no son muchas, son muchísimas.

Del parque nos fuimos a la avenida de las estrellas y no voy a decir mucho más, la foto lo dice todo.






Bruce Lee un grande. También estaban las huellas de las manos de Jackie Chan a quién se le puede ver en varias publicidades en las calles de Hong Kong cómo también, justo al lado de dónde vivo, en una publicidad inmensa de Yao Ming. Hay más publicidades y más chinos, los otros ni idea quienes son.

A la noche mientras volvía de llevar ropa a lavar, pasé por una plaza y vi a un botija tirando solo al aro, no me aguanté y le pedí unos tiros, claro estaba que no le iba a pegar al aro en los primeros cinco minutos, y visto y considerando esto, el chino se agrandó y me dijo para jugar un mano a mano americano a doce.

Me dice - ¿De dónde sos?.
- De Uruguay y ¿vos?.
Riéndose - De China, ¿que hacés jugando al básquetbol?.

Respuesta verbal - Jugamos al básquetbol también, aunque nos conocen más por el fútbol.
Respuesta mental - Te vine a atender mamadera.

Así fue cómo a pura penetración a lo Ginobili destartalado y con un físico que pide alineación y balanceo, me lo comí al chino 12 a 10 dando vuelta un 9 - 4 que comprometía mucho al pabellón nacional. Un duelo de oriental contra oriental que la patria no podía perder.

La semana volvía a empezar y yo me ocupé de lo social a falta de laburo. Con mate y escones nos fuimos a dar una vuelta con una uruguaya y su esposo. Lo mejor, sentados tomando mate es que se para una mina y me dice - ¿Uruguayo? - , - Si claro - le contesté. Eran ella y su compañera de una embarcación en la cual venden libros a bordo y van de puerto en puerto recorriendo el mundo. Mate para ella y la satisfacción del deber cumplido, un mate para la patria a 18.000 km de distancia.

Ya me había pasado en Irlanda y ahora acá, ese día que te ha estado acechando esperando que trastabilles emocionalmente, ¡pum! te da con el hacha en la nuca y te pinta el bajón cómo nunca, es bravo no tener un mango y que no salga un laburo. Hay que hacerse fuerte, sonreír, salir a correr y meterle, que el que se queda pierde.

En la mañana me vuelven a llamar para ofrecerme un laburo, ese bendito yin-yang, también cómo en todos los casos anteriores, por no tener la visa me sacaron vendiendo boletines.
En la tarde me llama otro hablando en chino, pa que, ese duró menos que poquito. En mis recuerdos todavía se mantiene el sonido de la llamada terminada y yo ahí, con el teléfono en mi oreja.

Primer entrenamiento nocturno en la piscina olímpica de Wan Chai con el equipo Sonic de triatlón. Me dieron paliza de la buena, tuve que tirar la toalla a la hora y media, se que me quedaba solo media hora pero no había como seguirle el ritmo a ese grupo de triatletas que se están preparando para medio ironman y triatlones olímpicos. Un poco lejos por ahora y más vale seguir entero que hay que estar al alpiste para las entrevistas cuando surjan.

Nuevamente me llaman para ofrecerme un trabajo, esta vez es más esperanzador, la reclutadora quiere que modifique un poco el CV para que sea más aplicable a los requisitos de la empresa. Por lo que me pasé el día completo estudiando y modificando lo necesario, sin mentir, mi currículum para colaborar con esta más prometedora llamada. Entre los hombros destruidos de la piscina y el agotamiento mental no hubo tiempo para el aburrimiento.

8:30 me despierta mi amigo de la reclutadora, al día siguiente, para concretar en la tarde una entrevista, ¡buenísimo!.
Me empilché cómo hacía tiempo no lo hacía y me fui con decisión a la entrevista.

Con un aire combativo y hasta agresivo si se quiere tuve la entrevista, es que el reclutante tenía una manera muy particular de encarar la entrevista. Yo prácticamente me defendí y defendí mi currículum, el trató de ponerme palos en la rueda y yo, con educación la piloteé todo lo que pude hasta que en algún momento me saltó la térmica, que te digan que te busques un trabajo de profesor porque es poco probable que consigas otra cosa, no le incumbe en lo absoluto. No lo mandé a cagar porque me interesa el laburo y porque no vale la pena, le contesté con calidad que es lo más importante aunque no puedo mentir, me fui caliente.

En definitiva, el "crá" me dijo que no iba a tener novedades hasta dentro de un mes por lo que aquí estamos, comiendo galletas de arroz Saman y esperando pegar el estirón, aplicado a mi caso sería comiendo sushi de guau-guau (espero que no) y esperando conseguir un laburo.

Lo peor ese día había sido ir en la mañana a la peluquería, después de aquella experiencia con el paki ya no confío en nadie, salvo en el GRAN FÉLIX, pero no quedaba otra, había que rasurar el nido de hornero.
Con la tarjeta de bondi fui a la peluquería, no tenía saldo así que puse mi billete de 50 y la maquina me dio una tarjeta, fui hasta la zona pintada que indicaba "1" y ahí salió el peluquero, un tipo muy parecido al de la foto.





Tuve miedo, mucho miedo, el agarró las tijeras, yo me encomendé a Buda, el me preguntó que quería, yo con mi mente le dije que no me hiciera daño aunque mi garganta se secó y solo pude decir - "Cortarme un poco el pelo".
El era un pez carpa en el agua, yo una oveja sometida a su esquilador, mis manos sudaban, el chino empezaba su arte, pa mi que veía poco pero es difícil saber eso en un chino, creo hacía enfoque achicando aún mucho más sus ojos, yo me estremecía y repetía en mi interior ¡no ve nada el hdp!.
Al cabo de cinco minutos y poco más de algo de pelusa, agarra una aspiradora y me entra a sacar los pelos con ese bicho, cuál brazo de Alien, y me dice - ¿Está bien? -, luego de dos o tres detalles que le indiqué, no me animé a decirle que no me había cortado nada, así que asustado me retiré antes que me pasara la navaja y me hicieran el último corte de mi vida por atrevido.

Uno de esos días hablando con Claire de costumbres orientales me contó de los vendados de pies o pies de loto, realmente espantoso. Cómo los incas solían entablillarse la cabeza para que el cráneo se extendiera hacia arriba y de esa manera estar más cerca del cielo, un antiguo emperador que venía de una sociedad dónde las mujeres tenían pies grandes, terminó gobernando una sociedad dónde al menos en el siglo 19 la mitad de las mujeres del imperio con tal de mejorar su nivel social buscando la belleza en lo delicado, se vendaban los pies al punto de calzar cómo un niño de tres años siendo mayores.





En la noche del sábado salimos a ver un poco más de la movida nocturna de Hong Kong, fuimos a Lan Kwai Fong y no nos gustó.
Es muy caro y está muy enfocado a emborracharse con shots, no vimos ningún baile (quizás los hay) y los pubs no invitaban para nada. Así que ella se compró un waffle con mantequilla de maní y nos sentamos en el anfiteatro de la zona a mirar el cielo, tranqui muy tranqui.

Los días y las semanas siguieron pasando, entre tanto "día a día" nos comimos un chasco con el Flower Show en Victoria Park, dónde para ver un par de flores y cuatro árboles decorados había que pagar, claro está, con la tarjeta del bondi, la gran Octopus Card.
Cómo no entramos pensamos en quedarnos en la vuelta, pero eran tantas las mujeres que copaban el parque que se hacía muy difícil caminar, era domingo y era el día libre de las empleadas domésticas que salían a ver el poco sol que se colaba en la ciudad entre tanta polución.

En la tarde para no quedarnos, nos tomamos el ferry que nos cruzaría a Kowloon por la módica suma de HKD 3.5 (10 pesos uruguayos o 35 centavos de euro), que ya de por si, el cruzar es un paseo, las vistas son maravillosas y esos 10 minutos a bordo son un deleite visual.
Al bajar, entre tumultos de gente, nos cruzamos toda la estación de metro de Tsim Sha Tsui y nos tomamos la línea que nos dejaría cerca de un mercado de telas el cual, según el compañero de judo de Claire, abría sólo los domingos. Dicho y hecho, le pifió como Baggio al penal en la final del 94 y justamente los domingos, está cerrado. Sólo encontramos una tienda que fue suficiente para que ella se sacara el gusto y caminando por ese barrio, que era el primero que nos hacía sentir no muy seguros en Hong Kong, pegamos la vuelta entre eventos de boy scouts, timba callejera y machetazos en plena calle a pescados de importante tamaño.

St. Patrick's day golpeó la puerta de nuestro apartamento y cuando abrimos, se había ido.
Es que acá los festejos prácticamente no existieron, a la noche fuimos a dar una vuelta a un boliche irlandés dónde tenían música en vivo pero poco más que eso. Cómo en Dublín, Boston o Montevideo, imposible de comparar.
Recuero que mi primer St. Patrick's day lo festejé dos años atrás en Irlanda a poco más de una semana de haber llegado. Salí a correr en la calle disfrazado de mujer entre miles de borrachos que coparon el Temple Bar y el año pasado, cuando nadie se lo esperaba, aparecí de sorpresa en mi casa y nos fuimos de joda con amigos a la Ciudad Vieja, volviendo destruido y siendo sometido, por mi hermano, a bailar borracho arriba de los bondis mientras intentaba subirme el jean que ya me quedaba por las rodillas. Momentos imborrables.





Empecé a intensificar la búsqueda laboral, se sigue moviendo el contacto casi diario que recibo por parte de distintas empresas pero aún no hay nada seguro.
Me salva el mate, que me da esa paz para no sentirme mal, a tal punto que el 19 de marzo se quiso vestir de gala para mi, se puso soleado, caluroso y hermoso, entonces encontré una plaza en el medio de inmensos edificios en dónde hacerle tributo de esa manera tan nuestra, mateando.
A pesar de mis preocupaciones laborales me he dado cuenta de lo privilegiado que soy en este mundo, ¡estoy tomando mate en Hong Kong!, sólo me reía y me decía a mi mismo, "pa, quién se hubiese imaginado que iba a estar acá". Haciendo lo que quiero de mi vida, sin deberle nada a nadie, disfrutando del simple y complejo hecho de estar vivo, de ser feliz todos los días de mi vida y de tratar de ser mejor todos los días, siempre sonriendo y metiendo cómo todo uruguayo sabe hacer cuando quiere. Estar en armonía con uno mismo se siente bien.

A la vuelta de la plaza, un flaco me pega el grito - ¿argentino o uruguayo? - sonriendo me giro y le contesto -¡URUGUAYO! - y saludándonos con la mano a la distancia, cada uno siguió su camino. El mate otra vez, me regaló una sonrisa.

Justo cuando terminaba de ver un video excelente de optimismo de Emilio Duró, me llaman nuevamente, ¡otra entrevista!.

De noche, luego de ir a un restaurante mexicano a tomarnos una cerveza con Claire y pensar en la entrevista del día siguiente, me acosté y el mosquito chino hizo lo suyo. Fue un ninja de la succión, este Dalai Lamma de las picaduras me dio catanga de lo lindo, uno solo fue peor que 20 en Uruguay.

El tipo me había dicho casual, yo no soy mucho del traje así que me envalentoné como el mejor, me comí la cabeza pensando qué era casual. Para mi casual no era saco, eso es formal, tampoco pantalón deportivo porque ahí ya me iba de mambo, no soy muy amigo de los jeans entonces dije "ta, eso, jeans, me joden pero no son traje" pero mi pensamiento no se quedaba ahí nomás.
Después de pensar que iría a la entrevista con el jean oscuro, una remera verde lisa y unos championes ricos que tengo para salir, todo pipi-cucu algo faltaba. Esta era mi vestimenta para salir y tenía que marcar la diferencia con una entrevista, entonces luego de una ardua tarea de investigación llegué a la conclusión que el problema estaba en mi pecho.
Ahí estaba la clave que haría que mi entrevista diera un resultado positivo, el pelo en el pecho.
Es que está clavado, acá los tipos no tienen barba, son lisitos, no escanee ni escanearé más de lo necesario pero creo que deben andar medios cortijos de peluche en general, entonces para no ofenderlos, más allá que la barba queda pase lo que pase, no había necesidad de ir de sobrador.
Agarré y me abroché el primer botón de la remera (el segundo nunca, el segundo es de bobo si te lo abrochás o sólo si sos cura o inglés), así fue cómo lo encaré a mi amigo de la consultora.

La entrevista fue buena, lo único que me llamó la atención fue que me hubiese reiterado tres veces el tema de casual al cuál yo le contestaba siempre lo mismo - "Vos me dijiste casual así que vine casual" -, yo lo pondría cómo empate el resultado de la entrevista debido a diferentes interpretaciones culturales de lo que es casual.
¡Dale chino, si te muestro los pelos del pecho te morís de la envidia!, es que estaba clavado, la diferencia entre informal y casual es un botón... no entienden nada acá.
Para remate, me vino a buscar Claire con el mate pronto y así, con mi vestimenta casual me fui muy campante meta amargos por la calle mientras me desprendía el puto botón que nadie me había valorado, ¿para que se mata uno en los detalles me querés decir?.

Este fin de semana pasado le dimos con todo, el sábado nos fuimos a la playa a ver algo de rugby aunque el entorno fue lo más pintoresco e interesante.
En la playa había un sector dónde bajaban hordas de turistas a sacarse más de las tantas miles de fotos que se sacan en todo momento y lugar, son insoportables con las fotos. En el otro sector estábamos los blancos, las personas del oeste del mundo que solo tomábamos sol y disfrutábamos de la playa a nuestra manera.
Dentro del sector de deportes, la crema de la crema de la sociedad, pedante y altanera, se congregaba a fallutear y ver cómo sus gordos se daban de bomba en un 5 contra 5 en la arena. Los partidos eran una doma pero de rugby lo cual no me molesta y hasta al revés, estaba bueno porque le daba una buena excusa al evento, lo que si no pudimos evitar fue sentirnos unos hippies lateros con Claire cuando fuimos al super a comprar unas cervezas (le saqué la foto a un par que también lo hicieron) y unos M&M's, a los que le dimos sin piedad, bajo la mirada atormentada de los probables ex alumnos de Cambridge, ¡que pudor!.

Al rato, volvimos a la playa y presenciamos un acto de delincuencia, un chino muy mamado se prendió un cigarrillo y en esa playa del tamaño de la Ramirez, los cuatro puestos de guardavidas más el guardavidas en balsa, quién se pasea dentro de las mallas  anti-tiburones para un lado y para el otro, empezaron a llamarlo por alto parlante. Llamaron a un encargado de seguridad de la playa y otros dos guardavidas corrieron hasta el y le arrebataron en un acto más que heroico ese pequeño placer mundano de algunos de un zarpazo y pusieron en un altavoz un anuncio indicando la prohibición de fumar en la playa.
En Hong Kong no se puede fumar en ningún lugar público aunque sea abierto, solamente se puede fumar en restaurantes y dentro de su zona abierta, tanto plazas, parques, playas y lógicamente cualquier lugar cerrado, están totalmente prohibidos para fumar.

El domingo pasado fuimos a Macao, el motivo principal era el cambio de visa de Claire, complementariamente para mi conseguir un mes más de visa y de yapa de todo esto, pasear y conocer esta otra región administrativa especial que tiene China.

El viaje nos llevó una hora en ferry, cada ticket dependiendo la hora del viaje ronda en los HKD 360 (ida y vuelta) y se hace llevadero. Son muchas personas, tosiendo, hablando alto, etc, pero se sobrevive.

Al llegar hicimos migraciones, para variar iba a haber diferencia, más allá que íbamos por el día a mi me dieron la visa por un mes y a ella por tres meses, uno no termina nunca de sorprenderse por estas pequeñas diferencias.

Macao nos gustó, lo hicimos todo a pie, es muy parecido a Colonia del Sacramento (fue colonia portuguesa por 442 años hasta 1999) con un marcado estilo Las Vegas.
Casas coloniales y gigantescos casinos, panaderías y joyas, mucho color, ¡pasto en los parques!, muchísima gente que quiere consumir y sacarse fotos aunque el espacio no les de.
Fue un lindo paseo, es para ir por el día o a lo sumo por una noche, no más.

Nos llamó muchísima la atención el parecido de la bandera de Macao con el logo de Adidas.





Cansados pegamos la vuelta, migraciones por aquí y por allá, es China pero no es China y hay que hacer todo esto. Ella entró con su visa de trabajo y yo con un mes más de respiro legal ¡uf!.

Cuando la semana pintaba que arrancaría sin muchas novedades, me puse en contacto con un uruguayo que vive en Hong Kong hace 18 años.
Arreglamos y nos vimos en la tarde, justo cuando estaba llegando a encontrarme con el me llamaron para otra entrevista, ¡buenísimo!.

Con Felipe nos fuimos a tomar una cervecita y charlamos de todo un poco, un tipo interesante para conversar. 

Hoy me apronté, formal esta vez, con mi saco que me queda corto pero con mucho huevo y me largué a la entrevista.

La china, bonita para lo poco atractivas que son las minas de la vuelta, se ve era media nueva porque le puso tremenda buena onda a la entrevista. La entrevista fluyó muy bien y justo cuando estaba por irme, me preguntó sino me molestaba esperar que otro compañero quería hablar conmigo por otra oferta laboral ahora que habían visto mi CV.
Así que terminó saliendo doblete de entrevistas en la mañana.

Al llegar, me puse la remera de Uruguay, me armé el mate, me dejé las medias con chancletas y así, festejo mi primer mes en Hong Kong.




(Foto tomada en la cima de la fortaleza de Macao)



Sumate al grupo en FACEBOOK.


Juan Patrick Lee
"Vive como si no fueras a morir nunca, actúa como si fueras a morir mañana"
Lin Yutang (1895 - 1976). Filólogo y escritor chino

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Dejá tu comentario aquí...